Con diez años, en la clase de religión de primero de bachiller, el cura nos estaba hablando de malos y buenos y nos contaba las bienaventuranzas, aquellas que yo me aprendí en el cole de monjas con po-man-llo-ham-mi-lim-pa-pa.
"Bienaventurados los que sufren, porque... "
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque..."
Mientras don José -alias Zapatones- desmenuzaba y explicaba la lista de bienaventurados, yo pensaba en todo aquello... Levanté la mano. Cuando me dio permiso para hablar, le dije:
- Los malos tendrían que ir al cielo, don José, o por lo menos al purgatorio.
- ¿Cómo que al cielo? Son malos, hacen sufrir, matan, roban...
- Sí, pero si no fuera por ellos, no habría bienaventurados y nadie iría al cielo. Dios les tendrá que dar recompensa ¿no?
- ¡Anda, callate!


3 Comentarios:
Candela la chica: niña inteligente suele convertirse en mujer sabia.
Lo que no nos dijeron es si todos aquellos desventurados lo eran por tontos, por vagos, por inútiles o por incapacidad para adaptarse a un mundo cruel. Seguro que habría de todo y algunos en distintas circunstancias podrían haber ejercido en el bando contrario. Un abrazo.
Con esa y otras cosas, lo que me convertí es en en una escéptica primero y en una no creyente después, con tantas pamplinas que ya empezaba a entrever. Un beso, emejota.
Genial!!!!
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